casita de sueños

norman rockwell

Marzo 02, 2005
Cielo

Decidí ir a la puerta, mientras esperaba que la electricidad vuelva y llene de luz artificial las paredes.
Qué magnífico es el cielo a la tarde! Debería pedir perdón todos los días por ser tan insignificante ante tanta belleza.
Y el cielo jamás cambió. Cuántas nubes distintas he visto… las que vi el día que gané aquella competencia de natación, y el calor del sol me abrazaba como una toalla enorme y tibia. Las que jugaban conmigo, en la plaza… eran las nubes de mis castillos de arena y las aventuras que creaba alrededor de los árboles viejos, mis heróes también soñaban bajo mi mismo cielo azul brillante. Los segundos en las hamacas, esos instantes donde subías tan alto y podías tocar las nubes con las manos abiertas a su abrazo dulce y suave. Aquellas que corrían y cambiaban constantemente al lado del agua tibia de las grutas, el aroma a mar fluía por las rocas y cuevas enormes. Qué peligroso fue perderse, y qué emocionante! El resto no importaba sino la excitación de seguir los latidos de todo el cuerpo llevandote a investigar y a descrubir los monstruos de alguna pesadilla marina.
Siempre el cielo, tan libre. Seleccionando sus colores y formas para formar parte de la escenografía donde los recuerdos viven. Siempre joven, mirando a sus hijos envejecer, y aún amándolo.

romina, Marzo 2, 2005 01:54 AM

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