casita de sueños

norman rockwell

Octubre 23, 2005
Ese, algún día

Ahora lo admito. Ahora y no antes cuando tuve la oportunidad de hacer algo. Fue aquella frase, cuando el sol ya no se veía sobre el cielo, cuando la dijimos al aire. Retumbó en mis oídos cuando la decía, y más aún los oídos del mundo cuando la contestamos. Ese era el primer y último momento que hablaríamos sobre aquello. Nunca más tendría sentido, porque ya lo olvidamos. Si nadie recuerda, qué sentido tiene mañana?
Por qué hablamos tanto sobre el futuro incierto? No es hablar, es más que hablar. Es decidir, planear, aseverar, crear historias en el futuro. Hablamos sobre hechos que sabemos no van a formar parte de nuestra historia, y los decimos con tanta indiferencia. Tanto desdén. Salen despedidos como si fuesen pólvora y nuestro impulso un cañón. No podemos resistirlo! Por qué nos mentimos? Y cuando lo hacemos, siendo concientes de ellos, por qué no lo remediamos? Decir, gritar, basta basta! Juro, lo quise hacer. Lo quiero hacer cuando participo de ese engaño colectivo de crear mañanas, siento como se acelera mi corazón y luego siento que a nadie realmente le importan las palabras o lo que ellas significan, a los que las escuchan. O leen.
Fue una frase indiferente, pero concluyó un momento. Fue un punto y aparte. Vivió mañana y murió hoy.
Es acaso que esa manifestación del futuro algo que nos da esperanza de vivirlo, de nuestro deseo de que no sea un simple día, algo que haremos entre las 2 y las 4 de la tarde, o después del trabajo? Qué nos atrae de ese futuro ahora irreal, o para los estúpidos soñadores como yo, ideal?
No es tan simple compartir, lo que nadie quiso ver jamás.
Vivimos ahora pensando en lo feliz de mañana, y somos incumplidores de nuestras pequeñas felicidades, las que cuando mencionamos sonreimos tímidamente. Esas sonrisas que tal vez nadie ve. O sólo quien realmente nos ve, observa, y no puede vivir sin lograr que esas tardes de caramelo, sean así para siempre. Tal vez no está todo perdido si eso pasa. Y cuando ya no haya nada más que esperar, sino despertarse cada mañana, con el único ánimo de volverse a dormir y soñar; ahí sólo restará enamorarse, viendo la fuerza del mundo que pudo ver la sonrisa interior en el otro, o del mundo que sólo espera seguir durmiendo.

romina, Octubre 23, 2005 03:10 AM

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